El movimiento campesino del Caribe colombiano. Una historia que sigue escribiéndose

          Por Patricia Iriarte.

          Asesora de comunicaciones Evolución Caribe

          Basta echarle un vistazo a nuestra historia reciente para darse cuenta de que el despojo y el desplazamiento han sido las constantes en la vida del campesinado colombiano. Las generaciones que hoy tienen entre 40 y 70 años crecieron en medio de las noticias de las luchas agrarias. Cualquiera que haya tenido acceso a los medios masivos o haya asistido a la universidad pública habrá coreado alguna vez la consigna “¡La tierra pa´l que la trabaja!”, que fue el grito de batalla de la mítica Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, Anuc.

          Que el problema de la paz en Colombia pasa por la solución al problema de la tierra ha sido ampliamente demostrado al menos desde los años ochenta por estudiosos del tema agrario como Jesús Antonio Bejarano, Alvaro Tirado Mejía, Alfredo Molano y Alejandro Reyes Posada, por mencionar sólo los más divulgados. De esto ya es consciente el Estado colombiano, además de la academia, los centros de regionales de investigación y más recientemente, los trabajos de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. Desde todos estos frentes se ha promovido en diferentes momentos el debate en torno a la propiedad y distribución de la tierra en Colombia.

          En la región Caribe el tema también ha sido motivo de reflexión y comienza a figurar en la agenda del desarrollo regional, máxime cuando existe una larga tradición de lucha por parte de los campesinos organizados.

          La ANUC, impulsada por el Estado en 1967 para implementar su propuesta de Reforma Agraria, adquirió gran fuerza en el Caribe colombiano y esgrimió sus propios argumentos, tomando la palabra en el debate ideológico de los años setenta en torno al modelo agrario.

          El discurso abiertamente contestatario, antioligárquico y reivindicativo de la ANUC le valió el apoyo de las masas en los combativos años de la recuperación de tierras, pero también la persecución oficial por cuenta de las políticas de seguridad nacional de los ochenta. Luego sufrió el acoso de las guerrillas y de los grupos paramilitares, que en los noventa masacraron a miles de dirigentes campesinos en todo el país arrasando sus organizaciones, y de nuevo fueron víctimas de la represión estatal durante el gobierno de Alvaro Uribe. Así, a lo largo de cuatro décadas, la organización campesina sufre varias fracturas y en el 2010 el movimiento se encuentra dividido y en apariencia, debilitado.

          ¿Cómo se articula en este momento el tema de la organización y la memoria de las luchas agrarias con la formulación de políticas públicas para el sector rural? ¿Por qué el gobierno del Presidente Santos está promoviendo el fortalecimiento de las organizaciones campesinas?

          Parte de las respuestas está en la explicación que hace Jesús María Pérez, sucreño fundador de la ANUC y legendario dirigente campesino, del fracaso de la reforma agraria de Lleras: “Como en Colombia no se había conformado una verdadera organización representativa del campesinado, el proceso de reforma agraria simplemente se había estancado y mutilado. Por otro lado, al frente de la organización de la reforma no se había manifestado un elemento consciente de dirección campesina, sino que la manipulación de la burguesía terrateniente siempre se encargaba de poner obstáculos.”[1]

          Es decir, que desde entonces era clara la necesidad de contar con una organización representativa, con capacidad de interlocución y legitimidad en las bases, para adelantar cualquier reforma en el agro.

          Hoy ya no se habla de Reforma Agraria sino de Desarrollo Rural. El lenguaje ha cambiado, pero las reformas pendientes siguen siendo las mismas, agravadas por el ácido de la violencia en los últimos 40 años. Hoy, cuando a la tradicional inequidad en la distribución de la tierra se suma la ignominia del despojo, legalizado por funcionarios corruptos, la restitución de las tierras y la reconstrucción del tejido social campesino se convierten en la condición sine qua non de la paz en el campo colombiano.

          El Ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo dijo en su informe al Congreso de la República el 13 de julio de 2011: “Devolver sus tierras al campesinado equivale a desactivar el próximo ciclo de autodestrucción violenta de la sociedad colombiana, tal como ha ocurrido en el pasado reciente por la falta de respuesta eficaz frente a la catástrofe social del desplazamiento y despojo de la tierra. Despojar a los despojadores y sus testaferros la tierra usurpada, para restituirla a sus verdaderos dueños, es también un cambio profundo en la comprensión y manejo del conflicto armado, porque equivale a cortar alianzas clandestinas con los herederos de los paramilitares y sus beneficiarios, que defienden el botín de guerra, y sellar una alianza fuerte con las comunidades campesinas, indígenas y negras, las más interesadas en consolidar la seguridad y el buen gobierno local.”

          Por su parte el asesor del Ministro, Alejandro Reyes, ha escrito: “La participación activa de las comunidades organizadas para lograr sus objetivos de desarrollo transforma la restitución de tierras en una reconstrucción de lazos de cooperación comunitarios, que dan solidez al restablecimiento de sus derechos y un impulso acelerado a la recuperación económica y social de las sociedades rurales.”[2] Más adelante señala: “Se puede demostrar empíricamente que allí donde las comunidades tienen organización y representación desde la base no se dejan subordinar a objetivos de violencia y depredación. A finales de los años setenta del siglo pasado, mientras era fuerte la influencia de la ANUC, las guerrillas no pudieron expandirse por la Costa Atlántica, y solo lo hicieron cuando se destruyó el movimiento campesino por represión e intimidación. […] La organización local de campesinos puede cumplir un conjunto de funciones esenciales para el éxito de las políticas de tierras y desarrollo rural. La más importante es la legitimaciónde la política del Estado hacia el sector agrario, pues el respeto a los derechos de la población campesina aumenta su lealtad hacia las instituciones que los protegen.”

          Para iniciar esa nueva etapa en las relaciones del gobierno con los campesinos el ministro Restrepo se ha reunido dos veces con los más connotados líderes y lideresas de la región, y para este 26 de enero se prepara una gran concentración en Barranquilla con el presidente Juan Manuel Santos, en un evento sin precedentes donde podría sellarse esa alianza necesaria para la restitución de las tierras al campesinado.

          Memoria y organización

          Ese elemento consciente de dirección campesina que Jesús Pérez señala como indispensable para adelantar las reformas, tiene que ver justamente con la capacidad de negociación que da la representatividad, con la reconstrucción de la memoria colectiva del movimiento y con la formación de un nuevo liderazgo.

          La propuesta actual de los campesinos del Caribe colombiano de unir fuerzas con los sectores indígenas, los afrocolombianos y las mujeres, no es del todo nueva. Puede considerarse una expresión más amplia y avanzada de la que se dio en 1942 con la Confederación Campesina e Indígena, la cual encabezó amplias movilizaciones en contra de la Ley 100 de 1944 y la Asociación Patriótica y Económica Nacional[3]. La primera calificó a los contrato de arrendamiento y de aparcería como de utilidad pública y amplió de 10 a 15 años la causal de restitución al Estado de los predios no explotados, y la otra fue una asociación creada por los latifundistas para contrarrestar la creciente influencia de las organizaciones campesinas de base.

          Hoy las amenazas provienen de muchos frentes; además del despojo de tierras agenciado por los grandes capitales están los tratados de libre comercio, están el narcotráfico y la violencia de los grupos armados -legales e ilegales- que aún operan en el territorio. Ante este panorama los campesinos comienzan a hacer causa común con los otros actores sociales que se ven afectados por estos mismos fenómenos, y planean poner en marcha una escuela de liderazgo que llevará el nombre de Orlando Fals Borda. Tras la primera reunión en Sincelejo con el Ministro de Agricultura se impulsó la Convergencia Afro-Indígena-Campesina Caribe, la cual sentó las bases de una propuesta conjunta de “desarrollo rural integral y sustentable con participación de todos los actores sociales.”

          En los tiempos que corren

          En eso está empeñado un numeroso grupo de dirigentes campesinos y pescadores que viene conversando con el gobierno y participando en el proyecto de Memoria, organización y liderazgo campesino para la restitución de tierras y el desarrollo rural, que impulsa el programa Evolución Caribe[4].

          Alejandro Suárez, un dirigente de la segunda generación de la ANUC, es quien lidera el proceso, haciendo gala de su trayectoria y credibilidad en el movimiento, mientras que Jaime Álvarez, consultor nacional, coordina el proyecto que la Universidad Tecnológica de Bolívar adelanta a través de Evolución Caribe con el apoyo de la cooperación alemana y Ecopetrol.

          Sobre el papel de la convergencia afrocolombiana, indígena y campesina que se conformó en la reunión del 4 de junio de 2010, Alvarez la considera “un paso trascendental que recoge el anhelo de campesinos y gobierno de hacer una política de desarrollo rural que vaya más allá de la producción agropecuaria, y además es una excelente oportunidad para que se recomponga el movimiento rural, compuesto por los tres sectores sociales. Definitivamente, es un segundo aire”.

          Los elementos que aporta a ese proceso el proyecto impulsado por Evolución Caribe son tres, principalmente, según explica el consultor: a) un modelo de gestión rural incluyente y democrática, que converge con el de la Unión Rural que están construyendo los sectores campesinos, afros e indígenas. b) un territoriosoberano, común, con identidades culturales, sociales y productivas y c) el fortalecimiento de la organización campesina, encargada de liderar un modelo productivo que combine economías competitivas con economía campesina. Adicionalmente, hay un componente formativo que se integra a los elementos anteriores.

          Alvarez considera que están dadas las condiciones para que se de esa nueva política de gobierno, pero “Restituir un millón de hectáreas de los cuatro millones que fueron despojadas, tomará un tiempo.”

          Para el nuevo año el proyecto de Memoria, organización y liderazgo campesino para la restitución de tierras y el desarrollo ruraltiene tres retos: A corto plazo, la convalidación de la nueva alianza representada en la Sociedad Unión Rural Colombiana (Surcos) que será anunciada oficialmente el 26 de enero en la reunión con el Presidente de la República; a mediano plazo, la creación de las Unidades de Gestión Rural: 20 en los siete departamentos de la Costa Caribe, integradas en cinco unidades de planeación (con organización social y campesina, territorio común, cultura compartida y producción similar), cada una con un plan de desarrollo; a largo plazo, la consolidación y fortalecimiento de la organización campesina como factor vital para afianzar un modelo de gestión rural incluyente, competitivo, democrático y que garantice un progresivo mejoramiento de la calidad de vida de todos los pobladores rurales.

          En los siguientes recuadros presentamos las entrevistas con Alejandro y con Jesús María Pérez a propósito del momento actual.

          Alejandro Suárez:

          Tiene que haber articulación con el pensamiento científico

          Alejandro Suárez, nacido en Los Palmitos, Sucre, es uno de los más caracterizados dirigentes campesinos surgidos en la década del 70. Fue miembro de la Federación Agraria Nacional y de la Unión de Trabajadores de Sucre. También fue coordinador nacional del proceso de reorganización de la ANUC y fiscal de esa organización en Sucre. Hizo estudios a distancia de Ciencias políticas y resolución de conflictos con la Universidad del Valle, y ha estado vinculado a diversos proyectos de la Corporacion Nuevo Arco Iris. Actualmente es uno de los coordinadores del proceso de reconstrucción de las organizaciones campesinas de base de la Costa Caribe.

          - ¿Cuál es la importancia del proceso que se está llevando a cabo con Evolución Caribe, desde el punto de vista de la coyuntura del movimiento campesino?

          Yo creo que el proyecto que desarrollamos con Evolución Caribe es de vital importancia en todo este proceso porque nos acerca a dos elementos fundamentales de la estrategia: Uno es el pensamiento científico de las universidades, y el otro es la posibilidad de una alianza estratégica con la cooperación internacional. A mí me parecen fundamentales esos dos acercamientos, porque mientras no haya una articulación con el pensamiento científico estos procesos no tienen salida. Esa articulación nos permite, por una parte, fluir de mejor manera, y por otra, contar con una especie de protección de la cooperación internacional, porque esos sectores que han adelantado la guerra en este país no van a detenerse; van a seguir agrediendo a los dirigentes que están en este proceso.

          - ¿Ustedes habían intentado antes esa articulación con el saber científico y la cooperación internacional?

          En la década del 70 lo intentamos, más con la academia y menos con la cooperación, pero hoy esto es determinante. Antes se daba más para proyectos puntuales para las mujeres, la niñez o las víctimas, pero no para planes de desarrollo, y eso no nos permitía generar procesos de empoderamiento de las comunidades como sujetas de derechos. Esa es la diferencia esencial de este acercamiento con la cooperación alemana.

          Yo era consciente de que teníamos una falencia muy fuerte en ese campo, y en el discurso del 4 de junio en Sincelejo hice mucho hincapié en lo de la alianza estratégica con la cooperación internacional. Lo dije como esbozando un deseo, pero no tenía claridad con quién, y de pronto el relacionamiento con Hans Blumenthal nos despejó el camino.

          Hasta ese momento no teníamos mucha claridad porque las agencias tienen su trabajo específico. Por otro lado, actualmente se percibe un desestímulo al apoyo a la población civil inmersa en el conflicto, en la medida en que el Presidente de la República asume como política de Estado la atención a las víctimas del conflicto y la restitución, y eso le resta fuerza a muchas ONG que, en términos generales, trabajan con las víctimas.

          - ¿Cuáles han sido los puntos de encuentro que en este caso permitieron la alianza con la Cancillería Alemana?

          Nosotros estamos hablando de planes de desarrollo que no solamente nos den unos recursos para proyectos específicos sino que además tengan un componente de transferencia de tecnología y que le permitan al país que nos apoya beneficiarse de la producción que tendremos en razón de esos proyectos de desarrollo. Esa sería una política de complementariedad: la cooperación nos apoya económicamente, por ejemplo, en alianza con el gobierno nacional para proyectos productivos, y se beneficia con la exportación de esos productos.

          - Podríamos decir que en este momento la recomposición del movimiento campesino en el Caribe colombiano tiene unos componentes que son desarrollo, fortalecimiento organizativo, memoria y relaciones con la cooperación internacional.

          Si, y el acceso a conocimiento, porque no se pueden lograr los cambios de mentalidad en las comunidades campesinas si no hay un compromiso de las universidades en transmitir esos saberes a quienes hacen la producción primaria de los productos agrícolas.

          - ¿Con quien más cuentan ustedes en este momento, que otras organizaciones o proyectos?

          Con nadie más. Con el Ministerio de Agricultura tenemos es una interlocución y un respaldo político, porque el ministro acepta asistir a unos eventos que le proponemos, porque el Presidente acepta venir a unos eventos, y eso implica que hay un reconocimiento político. Simbólicamente eso tiene un significado muy importante que es la legitimidad.

          Entrevista con Jesús Pérez, líder histórico de la ANUC

          Los campesinos necesitan Circunscripción Nacional Electoral

          Fue fundador del comité municipal de la ANUC en el municipio de Palmitos (Sucre), y creador con muchos otros de la departamental de Sucre de esa organización. También fue protagonista en la consolidación del Consejo de Unidad Campesina en la década de los ochenta y partícipe en la unificación de distintos sectores, como ANUC-Unidad y Reconstrucción, en 1987. Durante buena parte de la década de los noventa, en la que el conflicto armado se recrudeció en la región, y especialmente en los Montes de María, “Chucho” Pérez participó en la consolidación de la Mesa Agraria impulsada por el Programa por la Paz de los Montes de María.

          Gonzalo Sánchez, entonces director del Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), escribió en el prólogo del libro de Jesús Pérez, Luchas campesinas y reforma Agraria. Memorias de un dirigente de la Anuc en la costa Caribe: “Su presencia en ese escenario le ha permitido a los campesinos tener una importante y autorizada voz de resistencia y un conductor social capaz de definir rumbos cruciales frente a esos dilemas que plantea la lucha democrática en contextos de conflicto armado.” También anotó el historiador que Pérez es “no sólo un excepcional testigo de su mundo, de su región, de los procesos que le ha tocado vivir, sino también un verdadero guardián de la memoria y de la trayectoria organizativa y política del movimiento campesino en Colombia.” (ver: http://www.redmontemariana.org/index.php?option=com_content&view=article&id=216:jesus-maria-perez-ortega&catid=52:liderazgos-territoriales)

          - ¿Cómo definiría usted este momento por el que atraviesa el movimiento campesino en el Caribe colombiano?

          Desde el punto de vista organizacional la ANUC tiene una debilidad profunda, porque la ANUC que existe es la oficial, la que el gobierno de Pastrana creó en forma paralela para debilitar la organización campesina. Entonces, los que hicieron parte de la línea Sincelejo, donde se ratificó la independencia y autonomía de la organización que se había creado en 1967, quedamos independientes y otros se plegaron a la línea oficial (o Línea Armenia).

          Sectores de la izquierda condenaron el movimiento campesino de la ANUC al tratar de utilizar a los campesinos. Desde el congreso de Sincelejo trataron de utilizarnos para sus objetivos y no para la lucha de los campesinos. El Consejo de Unidad Campesina se conformó como coordinador nacional de estos movimientos. Fue el momento en el que participamos en el Plan Nacional de Rehabilitación (PNR) de los años 90. Hoy estamos agrupados en la Convergencia para reunificar los sectores que quedaron, y todas las organizaciones del campo trabajan colectivamente para incidir en las políticas públicas.

          - ¿Qué opina de la posición del gobierno Santos y de su decisión de alentar la organización y el fortalecimiento del movimiento campesino?

          A diferencia de la persecución violenta de Uribe, este tiene una actitud distinta. No plantea un cambio del modelo de desarrollo rural, pues todo está encaminado al Plan de Desarrollo del actual gobierno, que busca adaptarse a las necesidades del mercado externo, pero nosotros no estamos en condiciones de entrar a formar parte de una economía de mercado. Las Zonas de Reserva Campesina están encaminadas a ese tipo de proyectos, y su prioridad es el modelo de desarrollo del capital internacional.

          - ¿Qué nombre recibe hoy la reforma agraria?

          La reforma se trata de la redistribución de la tierra, en primer lugar, y luego de que se brinde al campesinado los servicios del Estado. Hoy no hay reforma agraria; hoy se habla de programas de desarrollo rural porque el sector agroindustrial necesita de la materia prima. Pero hay que hablar de reforma agraria, y hay que comenzar por la restitución de la tierra, que cada vez está más en manos de los bancos y de la burguesía financiera.

          Circunscripción Nacional Electoral para los campesinos.

          El gobierno necesita al campesinado organizado para ejecutar la ley de restitución de tierras, y nosotros queremos pedir la Circunscripción Nacional Electoral Campesina para que podamos elegir nuestros representantes en el parlamento.

          - ¿Qué tienen ahora que pueda llevar a su revitalización y consolidación como movimiento social?

          Que tanto los sectores que están en la ANUC como en las otras organizaciones han sufrido la violencia, el despojo, la pobreza y la marginación. El Caribe ha sido una de las regiones más golpeadas.

          - ¿Qué piensa de este proyecto de Evolución Caribe?

          Lo vemos con buenos ojos, y la convocatoria que estamos haciendo es porque necesitamos la capacitación, la formación técnica necesaria. Nosotros tenemos la experiencia pero nuestros hijos, si van a la universidad, allá se quedan, por eso planteamos que sea la universidad la que venga al campo. Necesitamos hacer esa combinación de la experiencia con la formación técnica y académica. Tenemos 150 líderes nuevos y en el 2012 aspiramos a formar 300 jóvenes más.

          [1] Jesús María Pérez. Luchas campesinas y reforma Agraria. Memorias de un dirigente de la Anuc en la costa Caribe. Punto Aparte Ediciones. Septiembre de 2010

          [2] Alejandro Reyes Posada. “La organización de las comunidades campesinas para el desarrollo rural”. Abril de 2011

          [3] http://prensarural.org/spip/spip.php?article1289

          [4] Programa de la Universidad Tecnológica de Bolívar, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania-IFA y los programas de Desarrollo y Paz de la región Caribe, con el apoyo de la Cancillería Alemana y Ecopetrol.

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